Humidificación, Mala atmósfera en la imprenta

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Mala atmósfera en la imprenta

El papel a veces parece tener vida propia. Puede abarquillarse, moverse, rasgarse, pegarse y arrugarse, al tiempo que rehúsa cualquier tratamiento previo o engatusamiento por parte del sufrido impresor. El coste de estos problemas debido a pérdida de producción y mala calidad puede ser muy elevado, especialmente cuando se trata de obtener un buen rendimiento de la inversión en prensas y plantas y el elevado coste del papel exige una eficacia máxima. Pero las paradas motivadas por problemas con el papel se pueden resolver fácilmente. La causa es el aire seco, la solución: volver a dar humedad al aire.

El papel es un material natural y es higroscópico, lo que significa que es muy proclive a sufrir cambios de humedad relativa (HR). En el Reino Unido, normalmente se crean ambientes de baja humedad entre octubre y marzo, ya que el calor generado por la maquinaria y las calefacciones seca el aire. En pleno invierno, no son raros niveles de RH tan bajos como el 15-20%.

En estas condiciones, la humedad se extrae de las superficies expuestas de los conjuntos de rodillos de papel, que encojen, pero el centro del papel aún conserva su contenido de humedad original. Esto causa "bordes tirantes" y el papel comienza a abarquillarse. Como resultado, el papel no avanza bien y aparecen las arrugas.

Los cambios de humedad también pueden causar que cambien las dimensiones físicas del papel que si bien sólo en pequeñas cantidades, es lo suficiente para que dé como resultado el registro equivocado de los colores en las tareas de pasadas múltiples. Cualquier cambio de las dimensiones del papel, por más pequeño que sea, entre las pasadas de un proceso de dos o más colores y éstos no se alinearán.